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Tapar datos antes de enviar un documento: lo que casi todo el mundo hace mal

8 min de lectura

Te piden el justificante de una transferencia, la copia de una factura o el pantallazo de una conversación. Hay que enviarlo, pero no entero: en esa imagen hay un número de cuenta, un teléfono o una dirección que no tiene por qué viajar con el resto.

Casi todo el mundo resuelve eso pintando un rectángulo encima. Y casi todo el mundo lo hace de una forma que se puede deshacer.

El error clásico: la caja que se puede quitar

Si abres un PDF con un editor, dibujas un rectángulo negro sobre un número de cuenta y guardas, no has borrado nada. Has añadido un objeto encima. El texto sigue debajo, intacto, y basta con seleccionarlo y copiarlo —o con mover la caja— para leerlo.

No es una hipótesis de manual: ha pasado en documentos judiciales, en informes de empresas cotizadas y en papeles desclasificados de varios gobiernos. Es probablemente el fallo de seguridad más repetido de la historia de la ofimática, y sigue ocurriendo cada mes.

La regla que evita todos los casos: si el resultado sigue siendo un documento con capas, no has tapado nada. Solo cuenta cuando el resultado es una imagen nueva en la que esos píxeles ya no existen.

El segundo error: el pixelado suave

Pixelar parece definitivo, pero depende muchísimo de cuánto pixeles. Un pixelado suave conserva más información de la que la gente imagina, y cuando lo que hay debajo es un texto corto y predecible —una matrícula, un PIN de cuatro cifras, un número de teléfono— se puede romper por fuerza bruta.

El método es sencillo de explicar: se generan todas las combinaciones posibles, se pixela cada una exactamente igual que la original y se compara. La que coincide es la respuesta. Con un espacio de búsqueda pequeño, un ordenador corriente lo resuelve en minutos.

Esto no invalida el pixelado: lo condiciona. Con bloques grandes —cuando cada cuadro es el promedio de decenas de píxeles originales— no queda señal que comparar y el ataque no lleva a ninguna parte. Por eso en nuestra herramienta de tapar datos la intensidad avisa cuando la bajas de cinco.

Y el difuminado, que es el más engañoso

Es el que mejor queda y el que menos protege. Un desenfoque conserva bordes, tonos y estructura; visualmente parece que no se lee nada, pero la información sigue ahí repartida entre los píxeles vecinos.

Sirve perfectamente para lo que es: difuminar la cara de alguien que sale de fondo en una foto, quitar protagonismo a algo. No sirve para ocultar un dato que no debe leerse.

La escala, de más a menos seguro

  1. Barra negra sobre una imagen nueva. No queda nada debajo. Es feo y es la respuesta correcta cuando el dato es sensible de verdad.
  2. Pixelado fuerte. Con bloques grandes, la información se destruye al reducir y no vuelve al ampliar.
  3. Difuminado. Estético, no seguro.
  4. Rectángulo dibujado encima en un PDF. No es tapar nada.

Lo que casi nadie mira: los metadatos

Supongamos que has tapado bien el dato. Queda una segunda capa de información que no se ve en la imagen pero viaja dentro del archivo: los metadatos EXIF. En una foto hecha con el móvil incluyen la fecha y la hora exactas, el modelo del teléfono y, si tenías la ubicación activada, las coordenadas del sitio donde se hizo.

Tapar la cara de alguien y enviar la foto con la ubicación de su casa intacta es dejar el trabajo a medias. Lo mismo con un documento de Word convertido a PDF, que suele arrastrar el nombre del autor y a veces el historial de cambios.

Aquí hay un efecto secundario útil de trabajar con imágenes: cuando una herramientaredibuja la imagen —como hacen la de tapar datos o la de marca de agua— el archivo que sale se construye desde cero y no lleva los metadatos del original.

Revisa la imagen entera, no solo el dato

Es donde se escapa casi todo. En las capturas de pantalla se cuela la barra de notificaciones con nombres de contactos, las pestañas del navegador con direcciones que revelan más de la cuenta, el nombre de usuario en una esquina, un reflejo en una pantalla.

Antes de enviar, mira la imagen como si fueras la persona que la va a recibir y pregúntate qué podrías deducir de ella. Suele aparecer algo.

Y si el documento es un PDF de texto

La forma más segura de censurar un PDF con texto seleccionable es no censurar el PDF: convertir la página a imagen, tapar sobre la imagen y volver a montar el PDF. Es más aparatoso, pero elimina de raíz la posibilidad de que quede texto debajo.

Si solo necesitas comprobar qué texto hay dentro de un PDF antes de decidir, extraer el texto te enseña exactamente lo que vería cualquiera que lo copiara.