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Temporizador

Pon los minutos y avisa con un sonido, aunque tengas la pestaña de fondo.

5:00Quedan 5 minutos
Cuánto tiempo
O uno de estos

Aparece en el aviso cuando suene, para saber de cuál era.

Sigue contando aunque cambies de pestaña: la cuenta mira el reloj del sistema en lugar de ir sumando, que es lo que hace que otros temporizadores se retrasen al perder el foco.

Un temporizador es de esas cosas que uno necesita durante tres minutos y nunca más en toda la semana. Instalar una aplicación para eso no tiene sentido, y por eso acaba buscándose uno en el navegador: se pone, suena, se cierra la pestaña.

El detalle que rompe a casi todos los temporizadores web

Prueba esto con cualquier otro: pon cinco minutos, vete a otra pestaña a hacer algo y vuelve. Es bastante probable que se haya quedado corto, a veces por varios minutos. No es un error de programación tonto, es una decisión deliberada de los navegadores: para ahorrar batería, ralentizan el código que corre en las pestañas que no estás mirando, y lo que debía ejecutarse cada segundo pasa a ejecutarse cada minuto o menos.

La solución no es pelearse con el navegador, es no depender de él. En lugar de ir restando un segundo cada vez que nos dejan, guardamos la hora exacta a la que hay que sonar y, cada vez que se pinta la pantalla, preguntamos qué hora es. Si el navegador nos ha ignorado durante diez minutos, al volver la cuenta sigue siendo la correcta, porque nunca fue una cuenta: era una comparación con el reloj del sistema.

Cómo avisa

Con un pitido y, si se lo permites, con una notificación del sistema. El pitido no es un archivo de audio: se genera en el momento con el sintetizador que trae el propio navegador. Eso significa que suena sin conexión, que no hay nada que descargar y que no se retrasa la carga de la página por un sonido que a lo mejor no llegas a usar.

La etiqueta opcional aparece en esa notificación. Es más útil de lo que parece cuando tienes dos cosas en marcha: «pasta» y «lavadora» se distinguen; «se acabó el tiempo» y «se acabó el tiempo», no.

Los veinticinco minutos

Entre los ajustes rápidos hay uno de veinticinco minutos que no está ahí por casualidad: es la duración clásica de la técnica Pomodoro, veinticinco de trabajo y cinco de descanso. La idea de fondo —que la atención se sostiene mejor a ráfagas cortas con un final visible que en sesiones largas y difusas— funciona igual de bien para estudiar que para cualquier tarea que dé pereza empezar.

No hace falta seguir el método al pie de la letra. Poner veinticinco minutos y prometerse no levantarse hasta que suene ya es la mitad del beneficio.

Dónde no usarlo

Con el móvil bloqueado en el bolsillo. Muchos teléfonos suspenden la pestaña entera al apagar la pantalla, y entonces el aviso no llega o llega tarde. Para eso, la alarma del propio teléfono es la herramienta correcta y no hay que darle más vueltas.

Donde sí encaja perfectamente es con la pestaña abierta en un ordenador: cocinando con el portátil al lado, cronometrando una presentación, estudiando por bloques o repartiendo el tiempo de una reunión. Ahí funciona mejor que una aplicación, porque ya tenías el navegador abierto.

Un apunte sobre el sonido en el móvil

Los navegadores de móvil no dejan que una web haga ruido si la persona no ha tocado nada antes; es una regla razonable, porque si no cualquier página podría empezar a sonar sola. Al pulsar «Empezar» ya has hecho ese gesto, así que la alarma tiene permiso para sonar cuando llegue el momento. Si alguna vez no suena, casi siempre es el móvil en silencio o la pestaña suspendida, no la página.

Qué hace y qué no hace esta página

Cuenta el tiempo y avisa. No guarda temporizadores para otro día, no lleva un historial, no te pide una cuenta y no encadena varios seguidos. Son decisiones, no cosas por hacer: lo que hace falta en el noventa por ciento de las veces es poner unos minutos y que suene, y todo lo demás son botones que estorban.

Si necesitas contar hacia una fecha —los días que faltan para un viaje o para un examen— eso es otra herramienta distinta, la cuenta atrás, y no depende de dejar esta pestaña abierta.

Cómo usarlo en 3 pasos

  1. 1Elige tu herramientaBusca lo que necesitas hacer. Cada herramienta va directa al grano.
  2. 2Suelta el archivoArrástralo o búscalo en tu equipo. El trabajo lo hace tu propio navegador.
  3. 3Descarga el resultadoListo en segundos, sin marcas de agua y sin dejar rastro en ningún servidor.

Preguntas frecuentes

¿Sigue contando si me voy a otra pestaña?

Sí, y es lo que más falla en otros temporizadores web. El navegador ralentiza a propósito lo que corre en las pestañas que no estás mirando, así que un contador que va restando de segundo en segundo se retrasa minutos. Este guarda la hora exacta a la que tiene que sonar y la compara con el reloj del sistema, de modo que al volver la cuenta es la correcta.

¿Suena si tengo la pestaña de fondo?

El sonido sí. Además, si le das permiso al navegador, envía una notificación del sistema para que te enteres estés donde estés. El permiso se pide una sola vez y puedes decir que no: el pitido funciona igual.

¿Y si el móvil se bloquea?

Ahí depende del teléfono. Muchos suspenden por completo la pestaña al apagar la pantalla y el sonido no llega a sonar. Para un temporizador de cocina con el móvil en el bolsillo, la alarma del propio teléfono es más fiable; esta herramienta brilla con la pestaña abierta en un ordenador.

¿De dónde sale el pitido?

Se sintetiza en el momento con el generador de audio del navegador, no es un archivo descargado. Por eso suena aunque no tengas conexión y no añade ni una petición de red a una página que presume de no hacer ninguna.

¿Puedo poner más de una hora?

Hasta veintitrés horas y cincuenta y nueve minutos. Para plazos más largos que un día, lo que buscas es la cuenta atrás hasta una fecha, que cuenta en días y no depende de que la pestaña siga abierta.

¿Guarda algo?

Nada. No hay cuenta, ni cookies para esto, ni historial de temporizadores. Al cerrar la pestaña no queda rastro.