Identificar un archivo
Dice qué es un archivo de verdad mirando dentro, no su extensión, y avisa cuando el nombre miente.
- Tus archivos no salen de tu dispositivo
- Gratis y sin registro
- Sin instalar nada
- Sin marcas de agua
«Este archivo no se abre.» «Me han mandado algo sin extensión.» «El correo dice que es un PDF y el ordenador no lo reconoce.» Las tres preguntas tienen la misma respuesta: mirar dentro del archivo en vez de fiarse de cómo se llama.
La extensión es una etiqueta, no el contenido
Las últimas letras de un nombre no son parte del archivo: son parte del nombre. Se pueden cambiar en un segundo y sin que nada dentro se entere. Un documento sigue siendo un documento aunque lo llames foto.jpg, y el sistema operativo hará lo que diga la etiqueta, no lo que haya dentro.
De ahí salen dos problemas muy distintos. El corriente: alguien guardó algo con la extensión equivocada, o un programa la cambió al comprimir, y el archivo no abre en ningún sitio aunque esté perfectamente bien. El otro: alguien la cambió a propósito para que parezca inofensivo.
Lo que sí no se puede falsear tan fácil
Casi todos los formatos reservan sus primeros bytes para identificarse. A esa marca se la llama número mágico, y va dentro del archivo, no en su nombre.
Un PDF empieza literalmente por los caracteres %PDF. Un PNG, por una secuencia fija que incluye esas tres letras. Un ZIP empieza por PK, las iniciales de Phil Katz, que inventó el formato. Un ejecutable de Windows, por MZ, las de Mark Zbikowski. Son marcas que llevan décadas ahí y que no cambian al renombrar nada.
Esos primeros bytes salen en pantalla junto al resultado, en hexadecimal, para que no haya que creerse nada: se pueden buscar y comprobar.
Cuando la extensión y el contenido no coinciden
Es el caso que más veces resuelve un problema. Si sueltas un archivo y el aviso dice que la extensión no corresponde, tienes la explicación de por qué no abría y la solución: cambiarla por la correcta, que aparece indicada.
Y hay un caso en el que conviene parar en seco: cuando algo que llegó como documento resulta ser un programa ejecutable. Es la forma más antigua y más usada de colar software malicioso por correo, y Windows ayuda a que cuele porque de fábrica esconde las extensiones conocidas. Aquí se dice sin rodeos.
Dicho eso, conviene ser honesto sobre el alcance: esto no es un antivirus. Dice qué formato es un archivo, no si su contenido hace daño. Un PDF puede ser un PDF de verdad y llevar dentro algo que no quieres. Para eso hace falta otra herramienta.
Los formatos que son otros formatos por dentro
Hay una familia entera que despista: los documentos modernos de Office no son un formato propio, son paquetes ZIP con archivos XML dentro. Un .docx, un .xlsx, un .pptx, un .odt de LibreOffice y hasta un .epub empiezan todos por PK.
Por eso aquí no basta con leer el principio: cuando se detecta un ZIP se mira qué carpetas lleva dentro para saber si es un Word, un Excel, una presentación o un libro electrónico. Es la diferencia entre decirte «ZIP» y decirte algo que sirva.
Como curiosidad útil: eso significa que a un .docx se le puede cambiar la extensión a .zip y abrirlo para sacar las imágenes que lleva dentro, que están ahí en su carpeta y en su tamaño original.
Los que no llevan marca
El texto plano no tiene número mágico: un .txt, un .csv y un .json son letras desde el primer byte. Ahí se mira la forma: si las llaves cierran y el contenido es JSON válido, es JSON; si hay varios renglones con el mismo número de separadores, es un CSV, y se dice cuántas columnas y con qué separador.
Ese detalle del separador resuelve un problema muy español: los CSV que exporta Excel en España usan punto y coma en vez de coma, porque la coma ya está ocupada por los decimales. Saber cuál lleva el tuyo evita la mitad de los líos al importarlo.
Cuándo no se afirma nada
Si los primeros bytes no coinciden con ninguna marca conocida y tampoco son texto legible, se dice que no se reconoce. No se rellena el hueco mirando la extensión: eso sería devolver la pregunta convertida en respuesta, y quien viene aquí lo hace precisamente porque la extensión no le vale.
Puede ser un formato poco común, algo cifrado, un archivo propio de un programa concreto o una descarga que se cortó por la mitad. Si sospechas lo último, el hash del archivo comparado con el que publica quien lo distribuye lo confirma en un segundo.
Todo se hace en tu navegador, leyendo solo los primeros 8 KB. Ninguna firma vive más allá, y así un vídeo de dos gigas se identifica igual de rápido que un icono.
Cómo usarlo en 3 pasos
- 1Elige tu herramientaBusca lo que necesitas hacer. Cada herramienta va directa al grano.
- 2Suelta el archivoArrástralo o búscalo en tu equipo. El trabajo lo hace tu propio navegador.
- 3Descarga el resultadoListo en segundos, sin marcas de agua y sin dejar rastro en ningún servidor.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no me fío de la extensión y ya está?
Porque la extensión es solo el final del nombre y cualquiera puede cambiarla. Renombrar «virus.exe» a «factura.pdf» no lo convierte en un PDF, pero Windows deja de enseñar que es un programa. Al revés pasa igual de a menudo y sin mala intención: un archivo que alguien guardó con la extensión equivocada no abre en ningún sitio y parece roto cuando no lo está.
¿Qué es un número mágico?
Los primeros bytes que casi todos los formatos reservan para decir quiénes son. Un PDF empieza siempre por «%PDF», un PNG por una secuencia fija que incluye las letras PNG, y un ZIP por «PK», las iniciales de Phil Katz, que lo inventó. Esa marca va dentro del archivo y no cambia al renombrarlo, así que es lo único en lo que se puede confiar.
¿Se sube el archivo para analizarlo?
No, y aquí importa más que en otras herramientas: quien viene a preguntar qué es un archivo suele ser porque desconfía de él. Se leen los primeros 8 KB en tu propio navegador y ni ese trozo sale de tu dispositivo. Puedes comprobarlo mirando la pestaña de red.
¿Reconoce si un archivo tiene virus?
No, y no lo va a decir nunca. Esto dice qué formato es, no si su contenido es peligroso. Lo que sí te dice —y es útil— es cuando algo que parece un documento es en realidad un programa ejecutable, que es la forma más común de colar uno. Para saber si un archivo es malicioso hace falta un antivirus, que es otra cosa.
¿Por qué dice que mi .docx es un ZIP?
Porque lo es, y lo detecta hasta el final: los .docx, .xlsx, .pptx, .odt y .epub son paquetes ZIP con archivos XML dentro. Aquí se mira dentro del paquete para distinguir cuál es cuál, así que verás «Word» y no «ZIP». Si alguna vez ves «ZIP» a secas en algo que creías un documento, es que el paquete no lleva las carpetas que debería.
¿Y si dice que no lo reconoce?
Puede ser un formato poco común, un archivo cifrado, uno propio de un programa concreto o una descarga que se cortó a la mitad. Se prefiere decirlo a adivinar por la extensión, porque eso sería devolverte la pregunta convertida en respuesta. Los primeros bytes salen en pantalla por si quieres buscarlos.