Contraseñas seguras de verdad: por qué las reglas que te enseñaron ya no valen
«Mínimo ocho caracteres, con una mayúscula, un número y un símbolo.» Esa regla la hemos cumplido todos durante veinte años, y produce contraseñas como Perro2024!: difíciles de recordar para una persona y sorprendentemente fáciles de romper para un ordenador.
El propio autor de esa recomendación, un ingeniero del instituto de estándares estadounidense, se retractó públicamente años después. Las guías actuales dicen algo bastante distinto.
Por qué la regla clásica falla
Porque quien intenta romper contraseñas no prueba combinaciones al azar: prueba lo que la gente hace de verdad. Y la gente, ante «necesitas una mayúscula, un número y un símbolo», hace siempre lo mismo:
- La mayúscula va al principio.
- El número va al final, y suele ser un año o un 1.
- El símbolo va detrás del número, y suele ser
!. - La palabra base es un nombre propio, una mascota o un equipo.
Un programa de ataque moderno tiene esas reglas incorporadas. No prueba aaaaaaaa, aaaaaaab: coge un diccionario de palabras comunes y les aplica exactamente esas transformaciones. Perro2024! cae en segundos.
Lo que de verdad manda es la longitud
La resistencia de una contraseña se mide en bits de entropía, que es una forma de contar cuántas posibilidades hay que probar. Y crece de forma exponencial con la longitud, no con lo rebuscados que sean los caracteres.
Un ejemplo que lo deja claro. Con letras, números y símbolos —unos 94 caracteres posibles—:
- 8 caracteres: unos 52 bits. Al alcance de un ataque decidido.
- 12 caracteres: unos 78 bits. Ya es serio.
- 16 caracteres: unos 104 bits. Fuera del alcance práctico de cualquiera.
Cada carácter que añades multiplica el trabajo del atacante por noventa y cuatro. Cambiar unaa por una @ lo multiplica por uno.
La alternativa que sí se recuerda: varias palabras
Cuatro o cinco palabras elegidas al azar de un diccionario grande dan una contraseña larga, con mucha entropía y que una persona puede recordar. Vidrio-Moneda-Tarde-Futbol es más resistente que P3rr0!2024 y bastante más fácil de teclear en un móvil.
Con una condición que es la que lo hace funcionar: las palabras tienen que salir de un sorteo, no de tu cabeza. Si las eliges tú, elegirás palabras relacionadas entre sí y la entropía se desploma. Por eso el generador de contraseñas tiene un modo de frase que sortea las palabras con el generador criptográfico del sistema.
Dónde sigue haciendo falta el galimatías
Las frases están muy bien para lo que tecleas a mano. Para todo lo demás —que hoy es casi todo, porque lo guarda el gestor de contraseñas— lo óptimo sigue siendo una cadena larga y aleatoria de veinte caracteres, que no vas a memorizar y que no falta ninguna.
La regla práctica: frase de palabras para las tres o cuatro contraseñas que escribes de memoria (la del ordenador, la del gestor, la del correo) y cadena aleatoria larga para las otras doscientas.
Los caracteres que confunden
Un detalle pequeño con consecuencias reales: la l minúscula, la I mayúscula, el 1, la O y el 0 se distinguen fatal en muchas tipografías. Si vas a dictar una contraseña por teléfono, copiarla de un papel o escribirla en el mando de una televisión, esos cinco caracteres son media hora de frustración.
Quitarlos reduce el alfabeto y por tanto la entropía, pero muy poco: se compensa de sobra añadiendo un carácter más de longitud. Es un intercambio que casi siempre merece la pena.
Lo que importa más que la contraseña
Dos cosas, y ninguna va de cómo es la contraseña:
No repetirla. La forma más común de que roben una cuenta no es que adivinen la contraseña, es que se filtre de otro servicio donde usabas la misma. Una contraseña distinta por sitio convierte una filtración en un problema aislado en lugar de en una cascada.
Activar el segundo factor. Con verificación en dos pasos, una contraseña robada no basta para entrar. Es la medida que más protege por unidad de esfuerzo, muy por encima de cualquier refinamiento en cómo eliges los caracteres.
Y un apunte sobre generadores online
Una contraseña generada en la web de un desconocido es una contraseña que ese desconocido ha visto. La mayoría no guardan nada, pero no tienes forma de comprobarlo.
La única versión verificable es la que se genera en tu propio navegador y no viaja. Puedes comprobarlo del modo más simple: corta la conexión a internet después de que cargue la página. Si sigue generando contraseñas, no las está pidiendo a ningún servidor.